Capturamos los datos de tus equipos y procesos y los mostramos claros: qué está pasando ahora, qué se va a romper y dónde estás perdiendo eficiencia.
Temperatura, producción, consumo, estado de equipos — en un tablero claro y accesible desde el celular.
Te avisa cuando algo se sale de rango, antes de que se convierta en una parada o una rotura.
Ves dónde se pierde tiempo o material, y medís la mejora con datos, no con intuición.
La planta ya mide: alguien anota temperaturas en una planilla, alguien escucha una bomba y nota que suena distinto. El problema no es medir, es que ese dato llega cuando ya no se puede hacer nada.
La cámara estuvo doce horas fuera de rango durante la noche. Se descubre a la mañana, con la mercadería adentro.
Una lectura por turno deja ocho horas sin ver. Lo que pasa entre una planilla y la otra no quedó registrado en ningún lado.
Un sistema que avisa cien veces por día deja de avisar: el operario lo silencia. La alarma que importa llega igual que las otras noventa y nueve.
Cuando el cliente rechaza la carga o el auditor pide el histórico, la planilla de papel no alcanza.
Esta secuencia es de la demostración de minería, que podés recorrer entera. Son datos simulados, pero la detección es la que corre en la plataforma.
La temperatura de carcasa de la bomba viene subiendo 0,34 °C por día. Está lejos del límite y ningún operario puede percibir esa pendiente mirando un manómetro.
El sistema compara contra lo que esa misma bomba hace habitualmente a esa misma hora, y proyecta: a este ritmo cruza el umbral en cuatro días.
Primer aviso formal, al celular de quien tiene que actuar. Una sola vez, no una por lectura.
Acá es donde se habría enterado una planta sin telemetría. Con la máquina ya caliente y la producción comprometida.
Entre el aviso y la falla hubo cinco días para programar la intervención. Esa diferencia —parar cuando uno decide en vez de cuando la máquina decide— es todo el negocio.
Nos conectamos a tus PLC, sensores o sistemas actuales. No necesitás cambiar tus máquinas para empezar a medir.
Con criterio de éxito acordado antes de empezar, para que al final la decisión se tome con datos y no con impresiones.
Definimos con Mantenimiento y Calidad qué se mide y contra qué límites. Verificamos alimentación, cobertura y dónde va el gateway.
Sensores y gateway en tablero propio, con protecciones. Alta de los usuarios que indiquen y configuración de los avisos.
Registro continuo, alertas al celular e informe semanal. Ajustamos umbrales con el uso real, para que los avisos sirvan y no molesten.
Informe del período con lo que el sistema detectó y lo que no. Si sigue, propuesta con precio cerrado. Si no sigue, retiramos todo y les entregamos los datos.
No. Nos conectamos a los equipos y sensores que ya tenés. Y la arquitectura es independiente del fabricante: si mañana cambiás de proveedor de hardware, se escribe el traductor de ese equipo y no se toca ni la base de datos, ni los tableros, ni las alarmas.
No, y es a propósito. Observa, registra y avisa. No arranca ni para un compresor ni abre una válvula. Los comandos remotos son otro alcance, con doble confirmación y acuerdo aparte.
No por sí solo. Para mediciones con valor legal o de facturación hace falta instrumental certificado con calibración trazable. Lo podemos integrar, pero es otro alcance y conviene decirlo antes y no después.
La instalación es de un día y no requiere parar el proceso. La instalación eléctrica la firma un matriculado.
Avisa una vez por episodio, no una vez por lectura, y solo a quien tiene que actuar. Durante el piloto ajustamos los umbrales con el uso real: una alarma que molesta termina silenciada, y entonces no sirve para nada.
El equipamiento se cotiza por punto medido, más un abono mensual que incluye plataforma, alertas, informes y soporte. El número exacto sale del relevamiento: sin ver la planta, cualquier precio sería un invento.
Contanos qué equipos tenés y vemos qué se puede empezar a monitorear.